> Sacrificio



Sin pensar, pensarte. Llevarte como eso inherente al día.
Voy tan despacio que ya no oigo mis pasos. Camino hora tras horas en el frío sabiendo que aún nada nos pondrá de frente. Sin embargo, atravesar la extensa cordillera se me hace diminuto, aunque la bruma misteriosa que la rodea sea un desafío. 
Mis frios dedos entonan una canción que te devuelve, pero están tan insensibles que apago la braza de mi cigarrillo con la yema curtida por el diapasón y sigo como puedo. Cierro los ojos y escucho, aunque arda el burbujeo en mis brazos, ese tono que te revive, que le da color a tu piel y nos envuelve en un abrazo cegado por la llovizna de una primavera que no recuerdo, pero que aún sigue intacto en mi. 

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